Aire y Arena

aire y arena

Una introducción al mundo de campaña.

Aire y Arena, así llaman los vecinos del Camino Colgante, o de Ciudad Risco, o del Acantilado Habitable, conocidos como Los Altos (aunque algunos son muy bajitos), o también como Los del Risco, o Los Tristes, quienes a sí mismos se llaman, despectiva o jocosamente, Los Colgados, e incluso Los Planos dado que sus vidas carecen de tridimensionalidad (o quizá era para acortar la denominación de Moradores de los Altiplanos por hacérseles ésta un poco demasiado larga), así es como llaman, digo, esos mismos vecinos a su propio mundo, y esas dos palabras resumen sucintamente sus preocupaciones y tribulaciones a lo largo de sus miserables vidas.

Nadie que viva en ese mundo ha decidido vivir en él, ni tan siquiera trasladarse desde algún sitio peor (que los hubo, los hay y los habrá). No. Aire y Arena es un mundo secreto al que sólo acuden las almas que han sido traicionadas. No hablamos aquí de una traición cualquiera sino de calado profundo, una de esas muecas del destino que definen el final precoz de algún héroe o rey o diós, tras el cual se escriben canciones emotivas, poemas elejíacos y épicas historias con finales precipitados o la sensación de haber sido interrumpidos con la muerte repentina de su autor, o quizás por un fallo de la imprenta (o de su copista, que es lo mismo).

Pero nunca se ha escrito una sola historia sobre los habitantes del mundo de Aire y Arena. Al ser verdaderamente muy concurrido, se requerirían tal cantidad de artistas, para representarlo, que serían necesarios almenos otros tres mundos repletos de éstos para ofrecer las perspectivas y distintos puntos de vista necesarios para ensalzar adecuadamente cualquiera de las almas que han desaparecido en él.

Sin embargo, ésta va a ser a partir de hoy mi labor. Quiero esbozar, ni que sea un poquito, una porción de lo que ocurre allí dentro y quizá fijarme en uno o más personajes que pueden despertar algún interés. Mi nombre es M. W. Berry, y los acontecimientos que estoy a punto de desvelaros me fueron mostrados en una visión, tras asistir a una terapia de grupo y desintoxicación de la realidad, conjuntamente con algunos de mis amigos.

Empezemos, por eso, por el principio.

Imaginad una brecha entre dos masas de tierra gigantescas, desérticas. Y sobre ambas una tormenta de arena que se escabulle por esa brecha sin fín, y que silva sin parar, erosionando sus paredes con la fuerza de un aspirador (sólo uno no, miles de aspiradores, decenas de miles…). Imaginaros días tan largos como una semana, un calor sofocante con el sol en lo alto y un frío paralizante en mitad de la noche.

Una pequeña comunidad subsiste justo por debajo de la superficie del altiplano gigantesco, aprovechándose de las propias irregularidades del risco. Se trata de la simiente de una futura civilización que subsistirá milenios enteros en este clima adverso. Habitando huecos y excavando los propios, para refugiarse del fuerte viento y de las horrendas criaturas que éste trae con él.

Ahora distanciaros de una y de otra, comunidad previa y civilización posterior, que son la misma pero con siglos de diferencia, aunque quizá no sean exactamente iguales pero se parecen como si pertenecieran a una misma familia, como madre e hija, por ejemplo (o puede que como abuela y tataranieta, lo digo por el tiempo pasado). Distanciaros, pero no olvidéis, centraros tan sólo en el siguiente relato, que trata ya sobre el declive de este fabuloso mundo, al cual sus propios habitantes dieron en llamar Aire y Arena.

By M.W. Berry